El 17 de febrero de 1996, en Filadelfia, Kasparov derrotó a la supercomputadora Deep Blue de la IBM en el sexto y final juego de una batalla de inteligencias que fue considerada la prueba más grande entre un hombre y una máquina.
La raza humana había ganado por un marcador de 4-2.
Kasparov había demostrado un control de estrategia mucho más allá de las aplastantes tácticas de fuerza bruta de la máquina.
Deep Blue podía calcular 100 millones de posiciones por segundo, pero carecía de la sensibilidad necesaria para apoderarse de la sutileza del juego posicional, sello de la verdadera maestría.
El 11 de mayo de 1997, en una escena diferente, una nueva y mejorada Deep Blue derrotó a Kasparov en la revancha por un marcador final de 3.5 – 2.5.

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